El Manuscrito Voynich

El manuscrito Voynich es sin duda unos de los libros más estudiados desde que en 1912 el librero inglés Wilfrid Voynich lo descubriera en la vieja biblioteca del colegio jesuita de Mondragone, cerca de Roma.

Un rarísimo manuscrito depositado allí 250 años antes por el famoso erudito, jesuita y criptólogo alemán Athanasius Kircher.

El documento, al que según su numeración le faltaban 28 páginas, era un volumen con gruesas tapas de pergamino (en formato 27 por 15 cm) que conservaba todavía 230 páginas de texto manuscrito fácilmente legible; en él podían verse dibujos con tinta de color que representaban extrañas flores, esquemas astrológicos, “mujercitas” desnudas bañándose en extraños lagos de tinta, algo que semejaban intestinos o tubos, arabescos, estrellas y otros extraños diseños no identificados.

Para algunos científicos se trata de un engaño, pero Stephen Bax, un lingüista de la Universidad de Bedfordshire, en Reino Unido, asegura todo lo contrario: el manuscrito es real, durante dos años ha estado estudiando el manuscrito utilizando análisis lingüísticos letra por letra.

Algunas secciones del manuscrito Voynich son más sencillas de identificar, como es la conocida como “herbolario”, con ilustraciones de plantas y la sección “astronómica” que incluye diagramas circulares que muestran constelaciones y planetas. Según Stephen Bax, esas secciones le hicieron de ir atando cabos.

“El manuscrito tiene un montón de ilustraciones de estrellas y plantas. Fui capaz de identificar algunas de ellas y sus nombres estudiando manuscritos medievales sobre plantas escritos en árabe y otros lenguajes. Ya tenía algo con lo que empezar, y los resultados fueron excitantes”.

De las palabras que ha podido llegar a descifrar se encuentra en el texto para referirse a la constelación de Tauro, esta aparece junto a la ilustración de estrellas que parecen ser las Pléyades. Además ha identificado la palabra “kantairon”, que se refiere a la planta Centaurea cyanus, una hierba bien conocida en la Edad Media.

Anima a más lingüistas a trabajar con él.

El profesor Bax sigue trabajando en el texto, y sólo ha logrado decodificar parcialmente algunas partes del mismo, pero su hallazgo resulta de suma importancia pues, de ser cierto, podría abrir el camino a la traducción completa de éste y, lo que es seguro, a desterrar la idea de que se trata de una falsificación.

“Mi intención al comunicar los hallazgos tan pronto es animar a otros lingüistas a que trabajen conmigo para descifrar el manuscrito por completo, utilizando el mismo planteamiento”, asegura Bax. “Aunque no va a ser nada fácil, es la manera con la que podremos entender finalmente que era lo que sus misteriosos autores querían decirnos. Lo que es seguro es que mis hallazgos muestran de forma concluyente que el manuscrito no es un engaño, como algunos creen. Es probablemente un tratado sobre naturaleza escrito en un lenguaje de Oriente Próximo o Asia”.

manuscritoTres investigaciones en lo que llevamos de año

El pasado mes de enero el profesor Marcelo Montemurro, físico teórico en la Universidad de Manchester avanzó los análisis de otro estudio realizado sobre el manuscrito.

“Otro estudio sobre el manuscrito presentado en febrero aseguraba que el ‘voyniches’ podría ser un dialecto extinto del Nahúati, una lengua azteca que se hablaba en Mesoamérica”

Los hallazgos de Bax o los del profesor Marcelo no son los únicos publicados este mes en torno al manuscrito. A principios de febrero un estudio publicado en el American Botanical Council sugería que el texto podría tener origen azteca, ya que muestra plantas que sólo crecen en Mesoamérica. En total, los investigadores creen que 37 de las 303 plantas dibujadas en el manuscrito, seis animales y un mineral, pertenecen a una región concreta entre Texas, el oeste de California, el sur de Nicaragua y el centro de México.

En opinión de los investigadores estadounidenses, el idioma del texto podría ser un dialecto extinto del Nahúatl, una lengua azteca que se hablaba en esta zona de Mesoamérica. Algo que es por completo contrario a las conclusiones de Bax, que sitúa el origen del manuscrito en la otra punta del mundo.

Lo cierto es que el manuscrito de Voynich seguirá siendo todo un misterio aun sin descifrar.

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